Sin publicidad de casas de apuestas, sin promesas de recuperar lo perdido y sin nadie intentando venderte un tratamiento.
Nueve preguntas. No pide tu correo, no guarda nada y el resultado sale al instante.
Si es tu hijo, tu pareja o tu hermano, lo que te hace falta es otra cosa: si esto es una enfermedad, si le pagas la deuda, cómo hablarlo sin que se cierre y hasta dónde llega tu responsabilidad. Está escrito aparte y está entero.
Gratis, sin registro y sin dejar el correo. Nueve apartados, y el último es qué hacer si temes que se haga daño.
Un impulso no se sostiene solo: sube, hace cresta y baja, y en prevención de recaídas se cuenta que suele durar entre quince y treinta minutos si no lo alimentas. No hace falta que aguantes para siempre. Hace falta que aguantes este rato. Pon el reloj en marcha y quédate aquí.
Mientras corre: bebe agua, sal a caminar aunque sea a la esquina, escríbele a alguien. No tienes que hacerlo bien. Solo tienes que dejar pasar el rato.
Si no le das nada, hace cresta pronto y baja solo.
Si lo alimentas, vuelve a subir y se queda arriba: abrir la aplicación «solo para mirar», calcular cuánto necesitarías, discutir contigo mismo si esta vez sería distinto.
Qué hacer mientras corre, por qué se pasa y qué hacer si ya apostaste.
Quien juega y quien quiere a alguien que juega necesitan cosas distintas. Elige la tuya.
Cómo cerrarte las puertas de verdad, qué hacer con la deuda y cómo sostener los días sin volver a caer.
Si esto es una enfermedad, si conviene pagarle las deudas, cómo hablarlo sin que se cierre y hasta dónde llega tu responsabilidad.
Cuentas, tarjetas, aplicaciones de pago, contraseñas y avales. Lista para ir marcando, y lo único que no necesita su permiso.
Un guion armado con lo que viste y lo que vas a pedir, con las cuatro respuestas que va a dar. Para imprimir o llevar en el teléfono.
Nueve preguntas, dos minutos, resultado inmediato. No se guarda nada, no se envía nada y no hay que dejar el correo para verlo.
Se llama autoexclusión, y en España, autoprohibición. Firmas un papel y a partir de ese momento las casas de apuestas están obligadas por ley a no dejarte abrir una cuenta, a no dejarte entrar y a borrarte de su publicidad. No lo decides tú en el momento de la tentación: ya está decidido antes, y del otro lado.
No es una aplicación que bloquea tu teléfono.
Funciona del lado del operador, no del tuyo. Por eso no se esquiva con otro teléfono, ni borrando la app, ni desde la computadora de un amigo.
No hace falta diagnóstico, ni abogado, ni dinero.
Se hace con tu documento de identidad. No queda en tu historial médico ni laboral, y nadie de tu entorno se entera.
Salir cuesta más que entrar, y eso es lo bueno.
Hay un plazo mínimo antes de poder darte de baja. El trámite lento es justamente lo que te protege del impulso de las tres de la mañana.
En México no existe un registro nacional de autoexclusión. No es que sea difícil de encontrar: la ley de juegos y sorteos no lo contempla.
Todos los enlaces llevan a la web del organismo público que gestiona el trámite. Ninguno pasa por un intermediario: si alguien te cobra por tramitar una autoexclusión, te está estafando.
Casi todo el mundo empieza por ahí, y está bien empezar por ahí. El problema es terminar ahí. Esto es lo que cuenta la gente que ya lo intentó.
Instalé un bloqueador en el teléfono.
Y jugaste desde el teléfono viejo del cajón. O desde la computadora. O desde el del trabajo.
Me di de baja de todas las plataformas.
Y aparecieron las que operan desde fuera del país, que no están en ninguna lista y no te piden nada.
Cerré la cuenta del casino.
Y te escribieron para ofrecerte reabrirla. Tres veces.
Me quedé sin dinero, así que ya está.
Y llegó el día de cobro. Es el momento que más repiten quienes cuentan una recaída, por delante del día del partido.
Las cuatro cosas que suenan parecido, y qué cubre cada una:
| Lo que puedes hacer | Sigue en pie desde otro teléfono | Cubre todas las casas con licencia de una vez | Aguanta si a las tres de la mañana lo quieres soltar | Te saca de su publicidad |
|---|---|---|---|---|
| Un bloqueador de aplicaciones | No | No | A medias | No |
| Cerrar la cuenta en una casa | Sí | No | No | No |
| Autoexcluirte dentro de una casa | Sí | No | Sí | A medias |
| Autoexclusión en el registro público | Sí | Sí | Sí | Sí |
Lo que sí sostiene no es una aplicación: cerrarte el acceso por fuera con la autoexclusión, tener decidido de antemano qué pasa el día de cobro, y no llevarlo solo.
Las tres cosas suenan parecido y son distintas. Solo una cierra todas las casas con licencia de una vez.
El test que usan los servicios públicos de salud, en dos minutos y sin dar datos.
Y necesitas otra cosa, no un contador de días. Las preguntas que llegan son casi siempre las mismas cuatro, y casi nadie las responde en castellano sin un tratamiento que vender detrás.
¿Esto es una enfermedad o es que no pone de su parte?
¿Le pago la deuda, o pagándosela lo hundo más?
¿Cómo se lo digo sin que se cierre o me vuelva a mentir?
¿Cómo dejo de confiarle el dinero sin dejar de quererlo?
Las cuatro están respondidas, y gratis, en la página para familiares: si es una enfermedad, qué hacer con la deuda, cómo abrir la conversación y cómo poner un límite que puedas sostener.
Gratis y sin registro. La guía completa, con el guion de la conversación, es aparte y cuesta dinero.
Deja tu correo y te llega un aviso cuando se publique la guía de autoexclusión de tu zona. Un correo por publicación y nada más: sin publicidad de apuestas, ni tuya ni de nadie, y baja con un clic.
Si has pensado en hacerte daño, o sientes que no hay salida, habla con alguien ahora. Las tres líneas son gratuitas, anónimas y atienden a cualquier hora.
En otros países, busca la línea de salud mental de tu zona o los grupos de Jugadores Anónimos. La deuda se puede reconstruir. Tú no.